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Aventura

Una excursión por el Monte Fuji (I)


Hay un proverbio que dice “Un hombre sabio sube el Monte Fuji sólo una vez, un tonto, dos veces”. Esta montaña debe ser una de las pocas que tiene un proverbio sobre sí misma, denostando a aquellos que osan subirla más de una vez.

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La obsesión de los japoneses es subir aunque sea una vez en la vida el Monte Fuji, y si no lo han hecho, al menos, lo habrán pensado siquiera una vez. La primera vez que visité la estación 5, que es el punto base para la mayoría de los escaladores, fue hace 4 años, y por ese entonces, la primera idea que se me cruzo por la mente fue llegar a la cima, pero no paso nada.

Un fin de semana largo del mes de Julio fue el momento ideal para darle una oportunidad al monte, y así fue como compre un par de zapatos bastante caros para escalar el Monte Fuji a través de algunas rutas de escalada. El camino más popular es Yoshida. Se puede llegar a la 5° Estación de autobús y desde ahí comenzar a escalar. La 5° Estación comienza alrededor de los 2.400 metros y la cima es de cerca de 3.800 metros.

La temporada para escalar es tan solo de dos meses en el año, entre julio y agosto. Durante el resto del año, la montaña está cubierta de nieve y fuera de límites para los escaladores. Cada año mueren varias personas en temporada baja, debido a las caídas, y resbalones.

Vía: travelblog
Fuentes de imagen: www.dreamzholidays.com

Originally posted 2009-07-28 23:45:00.

The Fairmont Banff Springs, Alberta, Canadá

Continuando con los hoteles más interesantes del mundo, aquí encontré este hotel, situado en el centro de una exuberante vida silvestre de Alberta, viéndose a simple vista como un Castillo de Disney, con un toque de barón escocés. Recorrer el hotel es impresionante, por su sinfín de escaleras, techos abovedados, columnas de piedra y la renovada imagen que costó 2,3 millones de USD en 2003. Este lugar es de la recreación, al aire libre, que ofrece el privilegio de beber en el aire limpio de las rocosas montañas canadienses.

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En la parte inferior de la escalera del Fairmont hay acogedoras habitaciones con vista a las montañas, los tejidos y muebles. Sin embargo, acogedor significa en este caso, pequeño, ya que no es de grandes dimensiones y algunas habitaciones vienen con vistas al estacionamiento. Vale la pena pagar un dinero extra para pasar la noche en una habitación que refleje el estilo arquitectónico del hotel. Los tejidos, mezclados con rayas negritas y motivos florales suaves casi imperceptibles al ojo, hacen ver el lugar más amplio. Sin embargo, para obtener mucho más espacio, hay habitaciones tipo suite.

El personal de servicio siempre tiene una sonrisa amable y una actitud que va más allá de lo esperado, aunque no espere ver a la misma persona dos veces, a menos que se quede a hospedar más de una semana.

No se pueden perder el Salón del Patrimonio, ubicado en un balcón con vistas al vestíbulo, que tiene una historia ilustrada de la cultura de las montañas. Para descansar, pueden relajarse en una de las tres piscinas o la caída de agua mineral que ayuda a calmar los dolores musculares o probar la última novedad del masaje en el spa, que comienza en los pies terminando a la parte superior del cuerpo. Sin embargo, a pesar de todas las comodidades, la gente viene por la recreación que se ofrece aquí: esquí, hoyos de golf, mountain bike y juegos de bolos, además de paseos en teleférico hasta la ladera de la montaña. Los restaurantes son interminables aunque se llenan de todos modos si es que el hotel está lleno.

Vía: forbestraveler

Originally posted 2009-06-22 17:56:00.

Increíbles historias de supervivencia (II)

Dos semanas en una cueva de hielo:

En 1982, Mark Inglis y Phil Doole subieron a lo más alto de la ladera de una montaña en Nueva Zelanda, más precisamente en el Monte Aoraki, cuando cayó una tormenta.

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Los amigos, construyeron una cueva en el hielo y esperaron a que pasara la tormenta, pero pasaron 13 largos días antes que llegara la ayuda hacia ellos. Ellos sobrevivieron comiendo magras raciones, con el hacinamiento de la cueva perdieron la circulación de la sangre en las piernas, tanto así, que en uno de ellos tuvo que ser amputada una.

Esto no les quito las ganas de subir el monte, ya que ambos llegaron a la cumbre y en 2006, Inglis se convirtió en el primer hombre amputado que conquistara el Everest, perdiendo cinco dedos y más carne de sus piernas con la congelación, aunque ni un ápice de su fuerza de carácter.

Inglis le dijo al New Zealand Herald “Cuando uno pierde las piernas….algo como esto es un contratiempo menor, solo un bache en el camino, la verdad”.

Varados en los Andes:

Esta es una historia tan extraordinaria que ha generado varios libros, una película de Hollywood, un aclamado documental y una página web oficial que puede ser reconocida en una sola palabra: Alive.

Cuando el avión que transportaba a un equipo de rugby uruguayo se estrelló en Los Andes en Octubre de 1972, la historia debió haber terminado ahí, pero apenas comenzaba. De las 45 personas que estaban a bordo, 12 murieron en el accidente o poco después, otros cinco pasaron a la mañana siguiente de las lesiones, otro el octavo día y luego ocho en un alud posterior.

Las 16 personas restantes luchaban a través de un frío extremo y el hambre antes de recurrir al canibalismo de los que ya habían muerto.

Cuando se hizo evidente que ya no vendría ayuda, Fernando Parrado y Roberto Canessa emprendieron la excursión por la montaña y finalmente encontraron ayuda. La más reciente y posiblemente el más sensible relato de la saga de 72 días fue hecha el 2007 por Gonzalo Arija en el documental “Vengo de un avión que cayó en las montañas”.

Vía: bravenewtraveler

Originally posted 2009-10-06 22:30:00.