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Lisboa


Lisboa sorprende.
Es una capital grande pero cómoda. Tiene un aire decadente pero una red de transporte público ágil y moderna. Encuentras tranquilidad de día y todo el barullo que quieras de noche.
Su construcción, frente al Tajo y sobre siete colinas, unido a la luz que le aporta su latitud, provoca que desde cualquier punto mínimamente alto puedas observar unas vistas realmente espectaculares.
La visita diurna exige ineludiblemente un paseo por La Baixa, al menos por la Rua Augusta hasta la Praza do Comercio. Observaréis cómo se alternan boutiques modernas y franquicias actuales con tiendas de siempre y podréis fotografiar o utilizar el magnífico elevador de Santa Justa.
La Catedral (Sé), el Barrio da Graça, Alfama o el Castillo, requieren también una estancia y paseo en horas de sol, sin perjuicio de que si os gusta el fado, volváis también a Alfama en la tarde-noche. Y por supuesto Belem, con el Monasterio de los Jerónimos, la Torre y el Monumento a los Descubridores. De día también conviene visitar el antiguo recinto de la expo, donde la modernidad más rabiosa tiene lugar en el centro comercial Vasco da Gama y todas las instalaciones anexas, a las cuales tienes acceso desde la magnífica estación de metro de Oriente, obra de Calatrava.
Para comer bacalao, sardinhas, arroz de tamboril y todo el pescado y marisco fresco que se os ocurra, pero también platos sorprendentes de carne, como el cerdo a la alentejana, y todo ello regado con buenos vinos, a veces tan sencillos como el vinho verde, y por poco dinero.
La noche empieza en Chiado y se alarga en los bares, restaurantes y clubes del Bairro Alto. Cada uno una sorpresa. Y si aún quedan fuerzas, las Docas a la orilla del Tajo alberga pubs y discotecas abiertos hasta el amanecer, así como la estrella, Lux, junto a la estación de Santa Apolonia.
Bella, divertida, moderna, cómoda, y tan cercana y económica. Un imprescindible

Originally posted 2008-04-03 14:37:55.

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